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Salvador Dalí: el genio del surrealismo

Salvador Dalí nació el 5 de Mayo en Figueras en 1904, siendo hijo de un notario de buena familia. Le marcó, desde pequeño, la idea de que él era la reencarnación de su hermano mayor, fallecido cuando aún era un bebé, nueve meses antes del nacimiento de Salvador Dalí. Fue una creencia que sus padres alabaron y exageraron, aunque matizándola siempre para orientarla a un punto positivo. Así, Dalí llegó a pensar que era la “versión mejorada” de su hermano, quien además fue llamado como él.

El arte llamó a su puerta desde que era un niño. A los diez años ya dibujaba y pintaba con soltura, especialmente haciendo breves retratos a su familia y pintando los paisajes que rodeaban su casa y su día a día. El año 1922 fue especial para Dalí: se alojó en la Residencia de Estudiantes de la capital, con la idea de estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Durante cuatro años permanece en la Escuela, hasta que en 1926, en un delirio de grandeza, decide que no va a ser examinado de una de sus asignaturas porque no considera a ninguno de sus profesores superiores a él mismo. Es expulsado, aunque ya posee grandes conocimientos artísticos, y se lleva de la Residencia grandes amigos que influirán posteriormente en su proceso creativo, como son Luis Buñuel o Federico García Lorca. De esta época datan obras tan destacadas como Retrato de Luis Buñuel y Muchacha en la ventana,

Tres años después está en París, y conoce de primera mano a Joan Miró, quien le presenta a otros miembros del surrealismo, en un momento donde la obra de Dalí ya estaba simpatizando en gran medida con el movimiento surrealista. Tal y como le ocurrió a otros miembros, empezó a sentirse atraído por el estudio de las teorías freudianas sobre el psicoanálisis, desarrollando incluso su propia versión de las teorías y del surrealismo, tratando el mundo subconsciente como el reino de los instintos que reprimimos día tras día, convirtiendo su visión de la realidad en lo que él consideró como una visión teñida y deformada por las obsesiones y los problemas. De esta época datan las obras El gran masturbador y La persistencia de la memoria, dos de las obras más famosas y encumbradas del artista.

Dalí

Así pues plasma en sus obras esos traumas que él cree que transforman su realidad, de la misma manera que él mismo teoriza constantemente. Es su propia manera de comprender y traspasar el surrealismo. Entre estos traumas podemos hablar del ya mencionado hermano muerto, al igual que de su pánico al sexo, que es el germen de El gran masturbador. La obra es ambigua y proliferan las formas fálicas, huyendo de ese sexo femenino. De esta época y este gran estudio de las obras de Freud nacerá su tendencia a la exageración y a su método paranoico-crítico.

No tenemos más que fijarnos en el centro de la obra, donde vemos los rasgos más llamativos del pintor, seguidos de elementos metafóricos y simbólicos que le acompañan y que hacen que entendamos, si sabemos leer entre líneas, mejor al pintor. Podemos ver, por ejemplo, un saltamontes (insecto que provocaba pánico en Dalí) lleno de hormigas, como simbolismo de la muerte; un anzuelo que le ata a su familia; una cabeza de mujer cerca de unos genitales, que muestra precisamente ese pánico al sexo femenino, remarcando la masturbación y el sexo oral como la única forma que Dalí era capaz de entender y mantener. Sin embargo, no es Gala. Ella aparece al fondo, en la pareja.

Respecto a La persistencia de la memoria, es principalmente una confesión de su miedo al inevitable paso del tiempo. Esta obra también ha sido llamada “Los relojes blandos”, precisamente porque en ellos, en sus formas poco estables y en proceso de derretirse, vemos un intento del pintor de mostrar hasta cierto punto una irrelevancia en un tema que, claramente, le tortura durante gran parte de su vida.

Abandona España hasta el año 1948, marchándose con Gala a Estados Unidos. Cuando regresa se instala en Port Lligat, retomando allí su profunda religiosidad y llevando a cabo obras como Madonna de Port Lligat, Leda Atómica, El Cristo de San Juan de la Cruz y La Última Cena. Otro de los momentos que más afectaron al artista fue la explosión generada en Hiroshima por una bomba nuclear el 6 de agosto de 1945. Fue, de hecho, la principal inspiración para su obra Leda atómica. Esta vez es Gala, sentada en un pedestal mientras acaricia al cisne que, en la versión mitológica, es Zeus tratando de seducirla.

Pero sin duda la obra más llamativa de este periodo es Cristo de San Juan de la Cruz, una crucifixión vista desde arriba, perspectiva que genera un profundo escorzo.

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